Gentes y pueblos

La Comarca de la Ribera Baja del Ebro está constituida por 10 pueblos, todos situados a orillas del Ebro y a lo largo de sus dos márgenes. Siguiendo el curso del río, la primera localidad que nos encontramos es Pina de Ebro, villa antigua con documentos del s. XII que atestiguan su existencia. Su vocación agrícola tradicional se complementa hoy con un pujante polígono industrial que está incentivando su crecimiento. Destaca la enorme Plaza de España, con su Convento de Franciscanos del s. XVI y la torre de la desaparecida iglesia de Santa María, del s. XVIII.

Quinto tiene tres arcos de acceso a su casco antiguo (Portales de San Miguel, San Antonio Abad y San Roque), restos de las puertas que guardaban la villa. Hay un Quinto antiguo, de calles medievales, y un pueblo nuevo a pie de carretera construido tras la última Guerra Civil. Y dominando el caserío, la Iglesia de la Asunción, llamada popularmente el Piquete, obra mudéjar del s. XIV.

Gelsa es pueblo llano, alejado un poco del río. Su deliciosa calle de los Cubiertos es claro urbanismo musulmán y sólo moriscos habitaban el pueblo en el momento de su expulsión. La Iglesia de San Pedro Apóstol, del s. XVII, es barroca y guarda la reliquia de la Santa Espina, de gran veneración en la localidad. En las afueras se levanta la ermita de la Virgen del Buen Suceso.

Velilla de Ebro está coronada por la ermita de San Nicolás de Bari, patrón de marineros con devoción traída cuando el Ebro era navegable. En las Eras, las ruinas de la Colonia romana de Celsa y su Museo anejo. La Iglesia mudéjar de Nuestra Señora de la Asunción, con torre orlada de nidos de cigüeña por los cuatro costados, se enseñorea de un casco urbano con calles de reminiscencia árabe.

La Zaida es pueblo trazado al amor de la carretera, con extracciones de alabastro y crecido a la sombra de un complejo industrial químico, si bien sus orígenes se pierden en restos de cultura íbera. La Iglesia de San José, del siglo XVII, es monumento destacado levantándose la torre en el siglo XX a imagen y semejanza de la original desaparecida. La casa señorial de los Ximénez-Cerdá, sin embargo, se cae a pedazos.

Alforque tiene de musulmán el nombre y la noria, con agua extraída hoy con motores eléctricos aprovechando la monumental obra original. La iglesia de San Pedro, gótico tardío del siglo XVI, es sobria y con aspecto de fortaleza, dominando las huertas y el río.

Cinco Olivas está rodeado por un meandro del río, casi como si fuese una isla. Dicen que el nombre le viene de los primeros frutos que se le ofrecieron al Conde de Sástago. Tiene molino aceitero restaurado y molino harinero que lo merece; también embarcadero cerca del azud. La Iglesia de Santiago, de finales del siglo XVII, guarda una pila bautismal antigua tallada en alabastro.

Alborge quitó la barca cuando se construyó el puente; pero guarda restaurada una nevera con acceso por arco de medio punto, excavada en la roca y con siete metros de altura. Algo alejado del pueblo, un monumental molino aceitero invadido por la maleza en su abandono; y en la plaza, la iglesia de San Lorenzo, del siglo XVII, con yeserías y cúpula con relieves de los evangelistas en su interior.

Sástago fue famosa por sus cuchillos y el sombrero sastaguino, ambos oficios perdidos hoy y sustituidos por la industria hidroeléctrica. Con vistas espectaculares dominando los meandros del río, que antaño tuvieron carácter militar con el Fortín y la Torre del Tambor, la orografía hace de Sástago un pueblo estrecho y alargado, situado en una península sobre el Ebro. En su término, el Monasterio de Rueda, verdadera joya cisterciense afortunadamente restaurada para orgullo de todos los aragoneses.

Escatrón es el último pueblo, con parte antigua, la Scatro romana, en cuesta y parte nueva, en llano, de nueva construcción al amparo de la central térmica. Tiene un buen patrimonio monumental con la Iglesia Parroquial de la Asunción, del siglo XVI, y la ermita de Santa Águeda, del siglo XVII, cercana en lo alto de un cerro. Al otro lado del caserío, el Santuario de San Francisco Javier, del siglo XVIII, hoy muy deteriorado.