Apuntes históricos

El Ebro ha sido siempre camino de los grandes pueblos y culturas que han acaecido en la Península Ibérica y solar donde se han asentado. Las feraces tierras irrigadas por los ríos de la comarca han favorecido el desarrollo de economías agrícolas florecientes, complementadas con los recursos ganaderos posibles en las extensas zonas de pastos del monte. Es por ello muy antigua la presencia aquí de comunidades humanas, estando nuestra historia unida a la del resto del Valle Medio del Ebro.

Si bien se han hallado abundantes restos materiales y refugios paleolíticos en las áreas montanas que rodean la comarca (Bajo Aragón, Prepirineo, área de Caspe, ..), la inexistencia de abrigos rocosos y la presencia de sustratos fácilmente erosionables han dificultado el hallazgo de restos pertenecientes a las primeras culturas de cazadores y recolectores, habiéndose identificado sólo un posible taller o poblado al aire libre en el término de Sástago.

La aparición de la agricultura en el Neolítico hace sedentarios a los grupos nómadas, antes cazadores/recolectores o pastores, y surgen poblados estables de estructura compleja, fechados en la Edad del Bronce, como los hallados en Escatrón y Alforque. De la Edad del Hierro, antes de la romanización de la comarca, existen restos de un poblado en Quinto sobre el escarpe que domina el Ebro junto al término de Gelsa y necrópolis en Alborge, Alforque y Sástago.

Cuando Roma llega a nuestra comarca está poblada por dos pueblos íberos: los sedetanos al sur del río y los ilergetes al norte. Restos de poblamientos sedetanos se han encontrado en el Corral del Tormo de Sástago y en el Cabezo de Muel de Escatrón. El poblado de Kelse, en Velilla, era ilergete y estaba situado junto a la que sería la ciudad romana de Lepida Celsa.

La fundación en el año 49 a. de C. de la colonia romana Victrix Iulia Lepida (después llamada Celse), junto al actual casco urbano de Velilla de Ebro, es el elemento de mayor interés que marca la presencia de Roma. Ciudad comercial, alcanza una prosperidad económica elevada por poseer puerto en el Ebro y puente de piedra que unía la costa mediterránea, a través de Ilerda (Lérida) por la vía Ausgusta, con el Bajo Aragón. La Vía Augusta era una calzada que llegaba por Los Monegros atravesando los términos de Pina, Sástago y Velilla, siguiendo por la Corona de Quinto en la margen derecha. Junto a la calzada principalmente, pero también diseminadas por todos los términos municipales, se establecieron numerosas villas rurales dando a los actualmente deshabitados paisajes esteparios una densidad de población que hoy parece impensable.

La inseguridad de los últimos tiempos del imperio romano provoca la despoblación del campo y el agrupamiento en núcleos urbanos. De época visigótica se tienen pocos datos, a excepción de una necrópolis hallada en Quinto que denota una población de bajo poder adquisitivo asentada en tierras de labor junto al Ebro.

Los musulmanes penetraron en el Valle del Ebro en el año 714, que es conquistado sin lucha, convirtiéndose al Islam la población de forma mayoritaria. Las crónicas árabes conocidas nos hablan de las grandes ciudades de la Marca Superior sin mencionar ninguno de nuestros pueblos, que no eran centros urbanos relevantes, por lo que de su presencia tenemos sólo toponímicos como Alborge (= la torre), Alforque o, posiblemente, La Zaida, urbanismo como la calle Cubiertos de Gelsa y la importante población mudéjar tras la conquista cristiana de la región.

Zaragoza y su zona de influencia son conquistadas por el rey aragonés Alfonso el Batallador en 1118. Necesitados de brazos para trabajar la tierra, en un primer momento los conquistadores cristianos permiten la presencia de los musulmanes con sus posesiones y religión obligándoles, si acaso, a abandonar el casco urbano asentándose en otro de nueva construcción (nace así, por ejemplo, el Barrio Nuevo de Pina).

Son entonces tres grupos humanos los que pueblan la comarca:

– Los judíos, que habían sido respetados por los musulmanes, tienen aljamas en Pina, Quinto, Sástago y Escatrón. La aljama de Pina es de la que se conserva más documentación y se sabe que llegó a alcanzar unas 120 personas. En el momento de su expulsión, en 1492, los judíos de la comarca deben salir del país por la costa mediterránea, siendo los de Pina desvalijados por gentes de Gelsa.

– Los mudéjares, que significa “el que se queda”, son los descendientes de los musulmanes conquistados. Pasan a depender del Señor feudal del lugar donde vivían siendo oprimidos y explotados con dureza, más en los señoríos laicos que en los dependientes del Monasterio de Rueda. Los mudéjares son obligados a convertirse al cristianismo en 1562 (llamándose moriscos desde entonces) y expulsados definitivamente en 1608.

– Los cristianos conquistadores son en un principio montañeses y, por tanto, principalmente ganaderos, existiendo con posterioridad repoblaciones con gentes procedentes de otros reinos peninsulares o del sur de Francia. Su presencia es desigual en los pueblos de la comarca: en un censo realizado en 1495 se comprueba que en Pina y Escatrón conviven cristianos y moriscos, mientras en Velilla, Alforque y Quinto hay sólo cristianos viejos y en Gelsa, Alborge, Cinco Olivas, Sástago y La Zaida la población es prácticamente en sus totalidad de moriscos.

La convivencia entre las dos culturas no fue siempre pacífica y en 1588 una horda de pastores montañeses cerca el lugar de Sástago, sin conseguir entrar,  y arrasa el barrio morisco de Pina cometiendo terribles crueldades.

Hasta el final del Antiguo Régimen, en el s. XIX, la comarca está organizada en señoríos que dejan a Cinco Olivas, Pina y Sástago dependientes del Conde de Sástago, a Quinto, Gelsa, Velilla y Alforque del Barón de Quinto, a la Zaida de los Ximénez-Cerdá, primero, y después del Ducado de Villahermosa y a Escatrón y Alborge del Monasterio de Rueda. Los señores perciben una rentas que proceden del sometimiento de sus vasallos en una organización que termina de forma convulsa con guerras civiles entre conservadores (carlistas) y liberales (cristinos/isabelinos) que sacuden también a los pueblos de la comarca: un rebelde carlista de Pina, Blas Lerín, se levanta en armas con gentes de Pina y Quinto formando una partida que será diezmada en Los Monegros. La confrontación ideológica volverá a resurgir en la guerra civil de 1936-39, de tan amargo recuerdo en la comarca. Al ser el Ebro línea de frente la pérdida de vidas humanas y bienes materiales fue especialmente intensa.

El cambio de siglo XIX al XX trae también cambios económicos. Unos pueblos fundamentalmente ganaderos y exportadores de materia prima, ven caer el mercado de la lana y privatizarse los pastos comunales con las desamortizaciones de los montes de propios, con lo que la agricultura pasa a ser el principal motor económico de la comarca. En este afán de mejoras agrícolas, en 1905 comienzan las obras de la presa de Pina que riega tierras de Quinto y Pina. El proceso modernizador de la agricultura lleva al asociacionismo agrario y a la creación de las cooperativas de Gelsa, Pina y Quinto en la mitad del s. XX.

La industrialización de la comarca comienza en su parte oriental con la central hidroeléctrica de Sástago, la central térmica de Escatrón y la implantación de Foret en La Zaida, con un resultado desigual a largo plazo. En la actualidad los pueblos de su parte occidental muestran un mayor dinamismo industrial favorecidos por su cercanía a Zaragoza y las buenas comunicaciones.